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El Malecón hora por hora: por qué el mediodía es el peor momento

La mayoría de los visitantes recorre el Malecón a la hora equivocada. Llegan al mediodía, con el sol vertical y el piso devolviéndoles el calor a las rodillas, miran de reojo unas cuantas esculturas de bronce, compran algo frío y concluyen que “no era para tanto”. No se equivocan sobre el mediodía. Se equivocan sobre el Malecón. El paseo costero de Puerto Vallarta no es tanto un lugar como un horario: recorrido de sur a norte empezando por la tarde, cambia de carácter casi cada hora hasta que la noche se lo queda. Este es ese recorrido, hora por hora.

Por qué importa más la hora que el mapa

El Malecón corre frente al mar a lo largo de unas once cuadras del centro y, desde la remodelación de 2011, su tramo principal es exclusivamente peatonal, con el tráfico desplazado una cuadra hacia adentro. Eso significa cero sombra del lado del mar y exposición total a un sol tropical. A mediodía es una franja de concreto caliente con estatuas encima. Al caer la tarde la luz se vuelve dorada, entra la brisa, se instalan los vendedores, afinan los músicos, y esa misma franja se convierte en la sala de estar del pueblo.

De sur a norte es la dirección correcta por una razón simple: caminas con el atardecer a tu izquierda todo el tiempo y llegas al extremo norte justo cuando el ambiente nocturno alcanza su punto alto. Al revés, el sol te da en los ojos y la gente te queda a la espalda.

4:00 p.m. — Empezar al sur, junto al río

Arranca en el extremo sur, donde el paseo se encuentra con la desembocadura del río Cuale y los puentes que llevan a la Zona Romántica y, más allá, a Los Muertos. Es el extremo tranquilo. A las cuatro la luz todavía pega duro, pero los edificios del lado de tierra dan la primera sombra útil del día.

Usa esta hora para ubicarte más que para ver. El Malecón no es una atracción aislada sino la bisagra entre dos barrios muy distintos: el centro viejo al norte y la Zona Romántica al sur. Nuestra guía de playas cubre lo que hay en cada extremo.

5:00 p.m. — El anfiteatro y los arcos

Sigue al norte y llegas a la explanada abierta con cuatro arcos de cantera enmarcando un escenario que mira al mar. Es el anfiteatro Aquiles Serdán, y Los Arcos del Malecón son la estructura más fotografiada del frente costero. Vinieron de una hacienda colonial de la zona de Guadalajara y se instalaron en 1970, cuando se remodeló la plaza para recibir a los presidentes de México y Estados Unidos. En octubre de 2002 el oleaje que el huracán Kenna lanzó contra la costa los destruyó; la réplica que ves hoy se colocó pocas semanas después.

A las cinco esta explanada empieza a llenarse. Payasos, mimos, estatuas humanas y grupos de danza toman su pedazo de piso, y muchas noches el municipio programa eventos públicos gratuitos en el escenario: ballet folklórico, banda, ceremonias cívicas. Nada se cobra y poco se anuncia con anticipación, así que el consejo honesto es asomarse al pasar. Justo detrás de los arcos está la Fuente de la Amistad, tres delfines de bronce saltando, regalo de Santa Bárbara, California en 1987 — ciudad hermana de Puerto Vallarta desde 1972.

6:00 p.m. — La hora de las esculturas

Esta es la mejor hora del Malecón y la razón de haber calculado el recorrido. El sol está suficientemente bajo para que los bronces dejen de ser siluetas negras y muestren su superficie, la gente es mucha pero todavía se mueve, y el calor ya cedió. Ahora sí vale la pena detenerse. Más o menos en el orden en que las encuentras yendo al norte:

  • Tritón y Sirena, de Carlos Espino, develada en el malecón en 1990 y reubicada en 2019. La verás nombrada de varias maneras en letreros y mapas — Neptuno, la Nereida, la sirena —, buena lección temprana sobre lo flojo que se atribuyen estas obras.
  • La Rotonda del Mar, de Alejandro Colunga, 1996, en el cruce con la calle Aldama. Dieciséis piezas de bronce — ocho monumentales y ocho pequeñas — con forma de sillas y criaturas surrealistas. Lo importante: fueron hechas para sentarse en ellas. Siéntate. Casi nadie lo sabe, y quienes lo saben se llevan las mejores fotos del paseo.
  • El Niño sobre el Caballo de Mar, “El Caballito”, de Rafael Zamarripa: el símbolo de la ciudad, normalmente junto al faro viejo. La del Malecón es una réplica mayor de 1976; la original, más pequeña, estuvo en Playa Los Muertos a fines de los sesenta hasta que se la llevó una tormenta.
  • La Nostalgia, de Ramiz Barquet, 1984: una pareja sentada mirando el agua en la misma dirección. Es la obra más callada del paseo y la que más quieren los vallartenses.
  • En Busca de la Razón, de Sergio Bustamante, develada el 4 de julio de 2000. Unos nueve metros de escalera exenta con figuras de cabeza redonda subiendo hacia el cielo, inspirada en Bertrand Russell. Se puede subir, y casi siempre hay fila.
  • Naturaleza como Madre, de Adrián Reynoso, 1996.
  • Los Milenios, de Mathis Lídice, develada el 31 de octubre de 2001: una espiral alta de figuras que se lee como una línea del tiempo de la región.
  • El Sutil Comepiedras, de Jonás Gutiérrez, 2006, y Origen y Destino, de Pedro Tello, ambas hacia la mitad norte.
  • El Unicornio de la Buena Fortuna, de Aníbal Riebeling, develado el 14 de enero de 2011, cerca del extremo norte.

Si los bronces te dejan con ganas, las galerías que están una o dos cuadras tierra adentro abren de noche y son la continuación natural del paseo: mira nuestra guía de galerías de arte.

7:00 p.m. — El atardecer y dónde pararse

A esta hora todo el mundo deja de caminar, así que el truco está en saber dónde ponerse. Las explanadas anchas te dan horizonte despejado, pero también doscientas personas alrededor; el pretil entre explanada y explanada es más angosto y mucho más tranquilo. Si quieres el atardecer con algo en el encuadre, colócate un poco al sur de una escultura para que el sol bajo la ilumine de lado y no por detrás. Si sólo quieres cielo, ve al pretil y recárgate en el barandal.

Alrededor de esta hora suelen presentarse los voladores de Papantla en la mitad norte del paseo. Cinco hombres suben a un palo muy alto; uno se queda arriba tocando flauta y tambor mientras los otros cuatro se lanzan de espaldas al vacío, atados por los tobillos, y giran lentamente hasta el suelo conforme se desenrolla la cuerda. No es una tradición vallartense ni un número de circo: es un ritual prehispánico ligado a la fertilidad y al respeto por la naturaleza, practicado sobre todo por el pueblo totonaca del norte de Veracruz, e inscrito por la UNESCO en su lista de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2009. Los voladores trabajan por cooperación voluntaria, que se recoge al final. Da algo.

De las 8:00 p.m. en adelante — El Malecón de noche

Al oscurecer el paseo se parte en dos. Los tramos sur y central siguen siendo territorio familiar: carriolas, nieves, globeros, parejas sentadas en las sillas de Colunga. El tramo norte, pasando las últimas esculturas, es donde se apilan los bares y sube el volumen. Ambos se caminan sin problema; sólo conviene saber cuál eliges.

Para las ocho la mayoría ya tiene hambre, y aquí el Malecón premia un desvío corto hacia adentro: camina una o dos cuadras alejándote del agua y la calidad sube notoriamente. Tenemos una lista de restaurantes frente al mar para quien quiera quedarse junto al agua, y para una cena sentada a pocos minutos del paseo, Barcelona Tapas es un clásico del centro con vista sobre la bahía desde la ladera. Más opciones en nuestra guía de restaurantes románticos.

Cómo llegar y dónde estacionarse

La respuesta honesta es: no manejes. Las calles del centro son angostas, de un sentido y empedradas en tramos, y el paseo está cerrado a los autos. Los camiones urbanos corren por las avenidas de tierra adentro desde casi todas las zonas hoteleras y te dejan a una o dos cuadras. Si de todos modos llevas coche, usa un estacionamiento de paga del lado de tierra del centro en lugar de dar vueltas buscando lugar en la calle. Nuestra página de transporte tiene las opciones vigentes.

Notas prácticas

  • Zapato, no sandalia. El piso mezcla cantera lisa, ladrillo y empedrado, y es disparejo en partes.
  • Vendedores de tiempos compartidos. Se te van a acercar, casi siempre con una entrada amable: un desayuno, un tour gratis, un paseo en lancha con descuento. La técnica que funciona es sonreír, decir “no, gracias” y seguir caminando sin bajar el paso. No aceptes el regalo, no expliques, no discutas. Detenerte por educación es exactamente lo que la plática busca provocar.
  • Efectivo para las cooperaciones. Artistas callejeros, músicos y voladores viven de la propina, y los billetes chicos son la única forma práctica de darla.
  • Los dos extremos son playa. Al norte del paseo llegas a Playa Camarones; al sur, pasando el río y la Zona Romántica, está Los Muertos. Cualquiera de las dos es un buen cierre para la mañana siguiente.

Preguntas frecuentes

¿Cuál es la mejor hora para caminar el Malecón?

De la tarde a la noche, aproximadamente de las cuatro en adelante. El mediodía es caluroso, sin sombra y la versión menos interesante del paseo. El atardecer y las dos horas siguientes son cuando coinciden los artistas callejeros, los voladores y el ambiente.

¿Cuánto se tarda el recorrido?

De punta a punta a paso rápido es una caminata corta, bastante menos de una hora. Hecho bien — parando en las esculturas, viendo a los voladores, sentándote para el atardecer — calcula de tres a cuatro horas con cena incluida.

¿Cuántas esculturas hay en el Malecón?

Más de una docena de obras principales, más La Rotonda del Mar de Alejandro Colunga, que es una sola instalación compuesta por dieciséis piezas de bronce. La información de los letreros turísticos es inconsistente, así que conviene verificar los nombres de los autores en lugar de confiar en cada placa o mapa.

¿Es seguro el Malecón de noche?

Es uno de los espacios públicos más transitados de la ciudad y hay familias hasta tarde. Aplican las precauciones normales de cualquier zona turística: cuida tus pertenencias y pon más atención en el tramo norte después de la medianoche.

¿Hay playa en el Malecón mismo?

No a lo largo del tramo peatonal, que va sobre un murón. Playa Camarones queda justo al norte del paseo y Los Muertos al sur, pasando el río Cuale, de modo que el Malecón funciona como el enlace entre ambas.

¿Cómo me quito de encima a los vendedores de tiempos compartidos?

Sigue caminando y di “no, gracias” una sola vez, de buen modo. Trabajan legalmente y no son agresivos, pero están entrenados para convertir cualquier pausa en una conversación. No detenerte es toda la técnica.

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